981 Festival

Consolidada en esta su cuarta edición, el 981 Festival se caracteriza por lo equilibrado de su propuesta electrónica: una exquisita selección de artistas entre figuras consolidadas y valores emergentes junto a la garantía asegurada de baile. Una suerte de festival urbano a medio camino entre un Sonar y una fiesta de La Real ovetense, limadas las aristas de los extremos entre público y artistas.

Por la parte de dj´s había curiosidad por conocer esta faceta de Peter Hook. El bajista de Joy Division y New Order (casi nada, vaya) es algo más que una leyenda. Retratado en 24 Hours Party People y en la más reciente  Control del que fuera su fotógrafo, Anton Corbjin, hablamos de un señor que decidió formar un grupo tras ver un directo en Manchester de los Sex Pistols y que se ha convertido en una referencia absoluta como instrumentistas.  Tras el curriculum previo llega el momento del análisis de la sesión. El señor Hook es un hooligan, más un enterteiner que un pinchadiscos al uso, que además se sirve para sus mezclas de cedés gratuitos de una publicación inglesa. Esto que puede escandalizar a los puristas se tradujo en un set inapelable donde desgranó las claves de la fusión entre la electrónica y el indie nacida en Manchester, autohomenajeándose con bizarras versiones technoides y ¡orquestales! de Transmission, Love will tear us apart o Elephant Stone de los Stone Roses, a los que produjo. Ver (y oír) para creer.

Por la parte de las bandas, Thieves Like Us ya la nueva sensación Punks Jump Up generaban cierta expectativa. Los primeros por ser uno de los hype de la temporada. Más aguerridos que en sus grabaciones, los sueco-estadounidenses pegaron fuerte con su mezcla de pop aterciopelado y sonidos disco. Demostraron algo más de enjudia que los nu raveros que, eso si, entre las pintas que llevaban y su actitud jaleadora lograron mantener el ritmo de uno de los cuatro espacios de la sala arriba, al mismo nivel que el resto.

Consideración aparte merece Mathew Jonson. El canadiense es un maestro del ruido, en el mejor sentido de la palabra. De formación jazzística, Jonson deslizó los vinilos, una selección heterogénea de house old skool y techno de Detroit a los que tamizó con la cacharrería analógica que últimamente le acompaña, sintes Korg y demás. Una exquisitez.

Menos cacharrería llevaba en esta ocasión Ettiene de Creçy de la que suele llevar a otros festivales, tipo Primavera Sound. Y quizás inspirado por el ambiente y el marco del club se animó con una selección de más beats a los que nos tiene acostumbrados, aunque sin perder el característico french touch que ejemplifica.

El resto de los 13 artistas convocados a esta edición no desentonaron. Sascha Funke, un verdadero rompepistas, el sorprendentemente joven James Holden o la estrella (merecida no solo por su estilo a los platos si no también por su labor difusora) Grobas rindieron con nota altísima. Solo cabe esperar que esta cita haya consolidado la propuesta (público y organización han respondido) y se asiente con regularidad.

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