Almería, Tierra de Cine
Sin duda uno de los trabajos mas gratos en los que haya participado, mis textos y guiones audiovisuales para… esto.
Me parece difícil que pueda ir a la inauguración, pero que cuenten conmigo cuando llegue el verano.
Sin duda uno de los trabajos mas gratos en los que haya participado, mis textos y guiones audiovisuales para… esto.
Me parece difícil que pueda ir a la inauguración, pero que cuenten conmigo cuando llegue el verano.
El paisaje resultaba de una belleza sobrecogedora. Parecía un salvapantallas de Windows.
-Solo existen los problemas y el deseo. -¿Los problemas y el deseo? -Exacto. Y lo divertido de esto es que cuando deseas algo, de manera inmediata te metes en problemas. Y cuando estás metido en problemas no deseas nada del todo. (Hal Hartley, “Simple Men”)
Si (probablemente despistado) llegas a esta bitácora aprovecho para comentarte un par de cosas:
1. Rated Muzik es una estupendo webzine, musical, colaborativo e independiente, donde junto a otros redactores escribo críticas y reseñas de discos y conciertos.
2. Rated Muzik opta a los II Premios Web que convoca la edición digitalde La Verdad de Murcia en su modalidad de Ocio/Servicios. Si conoceis la página, y os gusta, nos haría muy felices que os registrarais y votarais por ella.
3. Gracias, y que pasen ustedes un buen día, tarde o noche.
Then we want down to Coney Island on the coaster and around again
And no one´s gonna ever tear us apart cause she´s my sweetheart
(Ramones, Oh Oh I Love Her So Much)
La luz de Coney Island es fuerte e intensa. Duele como un amanecer nuclear. Como el fundido a blanco de los tipos que contemplan su propia muerte en el cine. No ayudan los carteles y la publicidad descolorida de las atracciones. Estas rezuman decadencia; hablan de otros tiempos a los que se llega moviendo el dial de alguna vieja radio donde suenan Glenn Miller y su orquesta. O quizá las cuatro chordettes y su Lollypop. Más de sesenta años después de que los muchachos ganaran la guerra en el Pacífico y al otro lado del Atlántico, el marinero torcido buscaba su beso de la victoria. Con escasa fe y ánimo.
La cita los reunía en la taquilla de la noria. Un joven disponía una pequeña mesa y silla de tijera para después extender el tapete donde mostraría a quien lo solicitara su fortuna expresada en la suerte del tarot. El loco, la rueda y la muerte, pensó el marinero nervioso, escuchando en segundo plano el golpeo sobre la madera de unos tacones aproximándose. Se gira para contemplar a foto real en toda su extensión. La mide en pies y pulgadas, en nudos y en brazas. En millas… Ella desde lo alto baja sus gafas cat eyes hasta la mitad de la nariz para escanear al marinero mediano.
El marinero triste no recoge redes; es maquinista. La fragua del buque ha esculpido sus brazos de hierro vizcaíno como si de una escultura de Oteiza se tratara. Huele a gasoil y sus uñas lucen el luto perenne del aceite que se filtra y nutre las maquinas de la nao.
30 centímetros es alta y estrecha de caderas, como los raíles de una vía férrea rellenada en tramos con el algodón de azúcar que ahora forman sus redondeces en labios y cuerpo. Desprende una fragancia a vainilla y coco y sus ojos chispean con la mirada de los felinos que observan a su presa acechantes.
Ambos, el marinero malo, de luces, tarugo como el de la lucha libre americana y trompa de elefante, boca complaciente, se reconocen ya. La cita se ha concertado por teléfono después de un rápido vistazo a la sección de contactos. Se saludan y pasean juntos a lo largo de la línea de costa.
- No sabía que Brooklyn tuviera playa… dice el marinero rompehielos.
- Esto es Coney Island, pequeño… responde estudiante universitaria.
Y pasan a contarse su historia, como dos nuevos amantes un domingo al mediodía tras el sexo y la resaca.
El dolor es un buen punto de partida, con el inconveniente de que el destino siempre te lleva de vuelta al mismo lugar, cualquiera que sea el puerto, resume el marinero vacio. Si navegas es lo que obtienes. Antes de ser argonauta, el marinero inconstante vivía apegado a la tierra, en pareja, proyectando artificios en forma de piso de alquiler, ayudas del Estado, pantallas OLED de 42 pulgadas y listas de boda. La cosa se torció para el marinero sin segunda oportunidad, dejándole el epíteto y con su curva llevándole hacía la mar, la única frontera abierta para los pueblos que viven de frente a ella. Es más fácil marcharse que ser abandonado, había escuchado en una canción.
Pelirroja natural tiene un trasfondo nuevo por cliente; es más divertido así. Pero el real, su secreto, no lo esconde, porque a nadie le interesa. Y de esta manera permanece en la más oscura de las profundidades, a la vista de todos los que miran pero no observan. Digamos pues, esta tarde, que vino desde un pequeño pueblo como el del marinero mal vestido soñando con ser actriz y cantante. Y que esto es solo temporal. O mejor aún, que lo hace de buen gusto.
La tarde se estira y se contrae para la pareja entre casetas y distraimientos: la Casa del Terror, donde el verdadero miedo espera fuera o la Montaña rusa, con su recordatorio innecesario de que todo lo que sube, baja, y mientras tanto solo hay vértigo, gritos y mareo.
Después de su brillo más cegador y dañino, el sol se larga para que el marinero de barra de corales mire las gaviotas y sienta la llamada de su buque que le llama desde Newark, la Nuarca de los emigrantes gallegos. Su nave es una ballena que engulle y traga a los hombres para vomitarlos en los muelles, para que vuelvan después corriendo al refugio de sus entrañas de acero asustados de tanto espacio y libertad. El marinero con prisa aprieta la mano de francés natural y la forra con un generoso fajo de billetes, algo más de lo acordado. Y la aprieta con la sinceridad del beso que se sabe último y definitivo.
A muñeca pechugona no le salen las palabras mientras el marinero interruptor le da la espalda. Este camina hacia la estación de metro con la precaución de la parada en urinarios, sabedor de que el viaje va a ser largo. Para esto ya no es un niño pequeño y con las ganas contenidas y la sacudida que prevé tendrá algo parecido a un orgasmo. Al marinero fugado los tacones de nuevo a su cruz le cortan súbitamente la meada. La voz de 120 de pecho vibra al filo de su nuca:
- Tenemos que dejar de vernos en estos sitios, marinerito… Pero ahora tengo algo que darte. Lo mejor de dos mundos. Carne y pescado. Dulce y salado…
Con su cara junto al frío del azulejo, con su mano empujada a explorar el culo de nueva en la ciudad, abriéndose ante el empuje de su sexo, el marinero inspirado rectifica: el dolor es el mejor punto de partida.
El proyecto documental Uxío Novoneyra: Poeta / Alén que dirijo junto a Federico García-Cabezón ya tiene su propio espacio en gallego en Blogaliza. Desde allí iré informando de los avatares de la producción. También he abierto un grupo en Facebook. Sólo teneis que poner “Uxío Novoneyra: Poeta / Alén” en vuestro buscador de la red social.
Al calor de Pacific Street llegaba un interesante cartel a La Pequeña Bety, la sala madrileña residencia habitual de los conciertos de esta promotora de fans, que tiene en su haber el haber traído a artistas tan interesantes como el inclasificable MOMUS. En esta ocasión era Phil Wilson, ex líder de los aquí ignotos June Brides, el que ocupaba el protagonismo del cartel que abrirían Los Claveles.
La banda residente en Madrid había despertado un inusitado interés entre los asistentes, acrecentado por el hecho de ser su segundo bolo tras un debut rayano en el desastre. Los Claveles desgranaron su aún exiguo repertorio en formato trío, excepto para los dos últimos temas en el que incorporaron a un bajista (mi buen amigo y buddy Santos Díaz). De este modo sonaron desde la instrumental “Oropesa por sorpresa”, la onírica “Viaje al centro de mi habitación”, “Cabeza voladora” o la versión que del “Me tengo que concentrar” de Gabinete Caligari hacen los castellano-manchego-galaicos. Si los adalides del rock torero y castizo se encuentran entre sus influencias, la vena punk y cotidiana de su música y letras también hay que buscarla cerca, en los sedimentos de la denostable (por sobreexposición) Movida madrileña; en grupos como Polanski y el Ardor o Los Zombies. Señalados ya con GPS en el mapa, basta decir que su actuación compensaron su estreno, con una interpretación directa, cruda (sin pedales ni otros aderezos) y concisa. Les falta fajarse y rodarse, pero eso es un problema menor cuando en canciones como “Con el dinero en la mano” (joya merecedora de aparecer en cualquier recopilación de la anteriormente citada escena) demuestran lo que valen. Dieron que hablar y lo seguirán haciendo porque son y suenan frescos.
Caldeado el ambiente con Los Claveles le llegó el turno a Phil Wilson. El británico conserva el repertorio de su banda primigenia y la puesta en escena con viola incluida. Tan ajado como inasequible al desaliento con sus pintas de teddy boy de barrio obrero, Wilson afronto con oficio y energía un repaso a los temas que le hicieron ser un referente generacional (“In The Rain”, “Every Conversarion” y “No Place called home”) con los June Brides junto al material nuevo que ha vuelto a grabar hace apenas dos años tras una desaparición de más de dos décadas, ahí es nada. Una suerte inmerecida, porque en sus canciones se reconocen a otras bandas que hemos conocido mucho antes y que van desde unos Superchunk a unos Manic Street Preachers (que les rindieron homenaje versioneándoles no hace demasiado en un disco tributo). Un repaso el suyo completo y animado con un sonido compacto que nos dejó con la certeza de que al Señor Wilson le queda cuerda para rato.

Conjunción astral de primer orden mañana en la noche madrileña. ¿Qué hacen el ex lider de los míticos e ignotos The June Brides Phil Wilson y Los Claveles juntos en un bolo organizado por el batería de Gen Hawaiano en La Pequeña Betty? Pues ellos tocar, y el resto disfrutar con algún tema clásico de Wilson y futuros hitazos con regusto a la edad de oro del pop español de los de Sonseca (Toledo). Tamaño fenómeno merece la pena ser documentado en vídeo; allí estaré.
Dinosaur Jr. tienen un lugar reservado en el corazón de cualquier fan de la música (vamos-a-llamarla-así-que-mas-da-si-todos-nos-entendemos) alternativa. Eso es tan cierto como que tras el Without a sound (un disco correcto pero algo flojo) y con una separación de 8 años por medio y una vuelta al redil de Lou Barlow hace ya cuatro años, parecían una banda finiquitada, destinada a tocar sus viejos hits con la distorsión pasada de rosca rozando lo inaudible (como en el Primavera Sound del 2008 sin ir más lejos).
Pero salta la sorpresa con su última referencia tras 25 años de carrera y primera para el impronunciable sello Jagjaguwar (hogar de bandas inquietantes como Ladyhawk, Oneida o Swan Lake). Farm es un disco lleno de energía, de tralla y guitarrazos contundentes. Un supuesto lógico y continuación del extraordinario Where you been pero con cinco lustros de por medio. Los suficientes como para que sean descubiertos por una nueva generación y sacados del pozo del olvido por los nostálgicos. La química entre Mascis y Barlow funciona perfectamente. Si el primero compone la mayor parte de los temas, brillando en un inicio apabullante con Pieces, I want you to know y una balada clásica en el estilo de Dinosaur Jr., Plans, Barlow dice “aquí estoy” en sus dos composiciones, la brillante Your Weather con un irresistible eco a sus Sebadoh y ese esplendido cierre Imagination Blind que podría haber firmado Neil Young. Para las ediciones especiales queda la afinada versión de Whenever You´re ready de The Zombies. Esta “granja” ha llegado justo para convertirse en uno de los discos del año.

El armageddon (el de verdad, no el de la película de Bruce Willis) llega mañana a Murcia para celebrar el aniversario de mi “casa” de crítica y reseñas musicales, Rated Muzik.
La imprescindible web cumple añitos no solo con una nueva interfaz y diseño, si no que además celebra un pedazo concierto en la murciana Sala 12 y medio que maldita sea mi suerte tendré que perderme. Y es una lastima, porque ver a la mejor banda de rock del país, Wau y los Aarrghs! acompañados de los salvajes Guadalupe Plata, Ginger Lynns y Acapulco Riders Band es un lujo. No sospecheis por mi entusiasmo; no es un texto publicitario. La fiesta de mañana, amenizada al final de los directos por Dj Boogie Motosierra, promete rock del más alto octanaje y lo más parecido a Abierto hasta el amanecer en vivo y real.
¡Felicidades colegas! Y… ¡A brillar!
Copa!raya!paliza!…J se pilló el último de Wau y los Aarrghs! y es muy divertido. A ver si se dan un garbeo por aquí, aunque Bcn no es muy de rock’n'roll.
nikita 2:05 pm el Enero 10, 2010 Permalink |
=^.^=
sanjuanconmiedo 1:05 pm el Enero 12, 2010 Permalink |
la noria, el parque de atracciones, el disco de lou reed, ese temón de los ramones que citas y, de repente, entre la niebla del amanecer surgen… LOS WARRIORS!!!!!!
“guoooooorrioooooors! onde estaaaaaades?!”.
peliculón, “a fave” y si no un “a must have”… en castellano rimaría, así que digamos que te he regalado un requetepoema en angloconsonante.
dosdimension 1:10 pm el Enero 12, 2010 Permalink |
Probablemente una de las mejores líneas de diálogo de una película, la del warrior huyendo de los jugadores de beisbol a través de Central Park cuando dice “Ya estoy harto de huir…”, se gira y le dice a uno de los tipos “¿Ves ese bate? Te lo voy a meter por el culo para que parezcas un polo”
sanjuanconmiedo 2:20 pm el Enero 12, 2010 Permalink
los “baseball furies”!!! había una web por ahí en la que con cientos de cutrejpg’s sacados de la peli identificaban una a una a todas las bandas que acudían al parque… y por si fuera poco, te podías descargar un pdf con un mapa del metro de ny con la ruta empleada por los “guarriors” en su huída hasta coney island. un saludo chavalote.
dosdimension 2:23 pm el Enero 12, 2010 Permalink |
Está basada en una novela (aparece reseñada en el poster de la película que tengo en mi habitación). No sabes cuanto me acordaba de la peli cuando me perdía en el metro intentando llegar a mi casa en Brooklyn :p Saludos!